Esas pequeñas cosas. Javier Scotto

Tener la oportunidad de haber servido a la ciudadanía durante los últimos años desde la alcaldía de Jesús Pobre y ahora, acompañar a Vicent Grimalt en la candidatura del PSPV-PSOE de Dénia, me permite desde la experiencia afirmar que desde el municipalismo se puede trabajar para solucionar aquellas pequeña cosas que verdaderamente hacen que mejore la vida de las y los ciudadanos.

Trabajar por y para mis vecinos en los últimos cuatro años ha sido como poner los pies en la tierra, en este caso en las calles, y darme cuenta de que el municipalismo es esa franja entre lo público y lo familiar diría yo: lo vecinal y cercano, la rutina del día a día, recorrer distancias cortas donde surgen las necesidades de las pequeñas grandes cosas, que afectan a personas con nombre y apellidos.

En estos cuatro años me he centrado en los problemas y situaciones cotidianas, buscando soluciones a esos obstáculos que además alimentan el vínculo entre la ciudadanía y su Ayuntamiento. Tu casa, y la mía.

Es cuestión de detenerse, de fijarte a tu alredor, convivir en el mismo entorno y atender los detalles de tu pueblo o ciudad: los problemas individuales y colectivos que precisan de la acción municipal: arreglar aceras, reponer arbolado, cambiar luminarias, instalar un aparcabicis, mantener limpia la calle, mejorar un parque infantil dañado o repintar los pasos de peatones desgastados por el tiempo.

Porque los problemas locales empiezan en la puerta de casa y llegan hasta donde el sol alumbra en la plazoleta, en el tránsito hacia las tiendas y comercios del día a día, en el centro escolar de tus hijos o en el consultorio medico al que se dirigen nuestros enfermos. Procurar una sombra frente al sol, o la luz de una farola que guíe nuestros pasos en la noche, es el municipalismo al que me dedico y se dedica un auténtico concejal de barrio. No es necesario de grandes proyectos, hay que ir paso a paso.

Y el primer paso son nuestros barrios, y después expandir esta gestión a todo el municipio, recuperando o proyectando el lienzo de la ciudad, su patrimonio, su economía y cultura, porque también tenemos planes, gestionamos el presente para proyectar un futuro.

Es un compromiso SÍ o SÍ con el entorno en el que nacimos o el que elegimos para vivir y morir, y del que todo gestor ha de sentirse parte y porque no, incluso imaginarlo y hasta soñarlo. Primero actúas por responsabilidad, pero es más efectivo actuar por estima a tu tierra y tus vecinos y vecinas.

A partir de aquí, desde la cercanía, podemos planificar sustancialmente nuestra ciudad y sus servicios, nada de improvisaciones, aquella ciudad hecha para atender nuestras necesidades básicas, como aquel lugar donde la vida en común nos enriquece y nos posibilita pensar en un futuro para todos. Algo así como hablar de compromisos con todos y para todos, no de fotos.

El esfuerzo radica en la simple decisión de acabar con la inercia política o con cortinas de humo para tapar una incipiente vergüenza torera. No hay que recurrir a formulismos sobre la administración local, sino instaurar el trabajo constante, y mejor todavía, ser eficaces, tener soluciones y aplicarlas. Hay que dejar de hablar de servicio público, y en su lugar actuar y hacer, hacer que el municipalismo sea útil a la comunidad. Y en eso estamos, y lo vamos a hacer, un municipalismo humano, un municipalismo desde la calle para esas pequeñas cosas.

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